Artritis reumatoide

Aunque se conocen ciertas causas de esta enfermedad, su origen exacto aún no se ha podido determinar. En tanto, bien vale la pena tomar algunas precauciones y escuchar algunos consejos. Hablamos de la artritis reumatoide.

Según informó el diario español El País a comienzos de enero, “desde los años setenta se conoce un único gen implicado en la artritis reumatoide”. El proyecto financiado por el Biomed ha logrado identificar –de acuerdo a lo señalado en el matutino- “otras tres regiones cromosómicas donde pueden estar otros genes involucrados en esta enfermedad”. Emilio Martín Mola, jefe clínico de Reumatología del hospital La Paz de Madrid (España), señala en ese artículo que “hasta ahora lo único que podemos hacer es paliar los síntomas (de la artritis reumatoide). Cuando conozcamos el mecanismo etiopatogénico, es decir, la forma en que se produce la enfermedad, podremos empezar a aplicar terapias dirigidas a las causas”.

Hasta el momento, se sabe que la artritis está causada por un factor hormonal y uno genético, pero además existe la hipótesis que le otorga un origen infeccioso a la enfermedad. No obstante, a pesar de los avances del proyecto Biomed y de los antecedentes que se manejan hoy en día, el origen y las causas de la artritis reumatoide es casi una incógnita para los reumatólogos y, en especial, para quienes la padecen.

Placa de un paciente con artritis reumatoide

Placa de un paciente con artritis reumatoide

Artritis Reumatoide, una enfermedad para tener en cuenta

La artritis reumatoide, tiene como principal característica  la inflamación de la membrana sinoviales, es una enfermedad de tipo crónico y degenerativo, la cual cubre los cartílagos, tanto de las articulaciones como de los tejidos que las rodean. En algunos casos se produce fuera de las articulaciones afectando a órganos (corazón, riñones, pulmones).

La causante de los dolores e hinchazón que da lugar a esa rigidez que manifiestan los afectados por las mañanas, es precisamente la inflamación, así como una pérdida general de movilidad articular. Las zonas más afectadas son los brazos, caderas, codos, tobillos, rodillas,  o manos. Esta enfermedad debe ser tratada a tiempo ya que de no hacerlo se produce una deformación de las articulaciones que puede terminar dañando incluso a los huesos.

Según algunos estudios clínicos esta enfermedad afecta a cinco de cada mil personas en el mundo, aunque se piensa que el porcentaje podría ser mayor ya que muchos lo sufren sin estar diagnosticados. Un dato importante es, que afecta más a las mujeres que a los hombres, ocurriendo más en las zonas urbanas que en zonas rurales.

¿Es posible vivir con esta enfermedad?

Una persona que ha sido diagnosticada con esta enfermedad, debe aprender  a vivir con ella (La artritis reumatoides no es una invitada deseada, pero si llega se le debe atender), se debe huir de una vida estresante o agitada, se recomienda dormir unas 10 horas diarias. Los pacientes deben evitar los ejercicios o grandes actividades físicas. En el transcurso la jornada laboral, se recomienda una posición recta en el asiento, evitando estar con la espalda y el cuello flexionados durante mucho tiempo.

Al momento de descansar se aconseja tener una postura conveniente, evitando doblar las articulaciones, por tanto se considera bueno que las piernas y brazos se encuentren estirados. Los especialistas recomiendan también, respecto al calzado, que sea de piel, elástico y firme. Debe existir una buena sujeción en el talón, con un empeine alto para que no aparezcan las temidas rozaduras, la puntera deberá ser ancha.

La dieta es de vital importancia y se aconseja mayoritariamente llevar una vida sana, con una alimentación equilibrada, ojalá sin azúcar y grasas para así no ganar peso. La obesidad sería una muy mala compañera ya que provoca una sobrecarga en las articulaciones, especialmente en las rodillas las que lógicamente deberán soportar un peso mayor si uno gana kilos.

Causas y efectos de la artritis reumatoide

Las artritis es el término general que se utiliza para denominar a las afecciones a las articulaciones y junturas –lugares del cuerpo humano en que los huesos “vienen juntos”, como rodillas, muñecas, dedos y caderas-, así como a los tejidos que las rodean. Existen dos tipos comunes de esta enfermedad: la osteoartristis y la artritis reumatoide.

La osteoartritis es una enfermedad degenerativa de las articulaciones, en la cual el cartílago se daña y desgasta. Se puede producir a partir de una inflamación de la articulación afectada y con el paso del tiempo causa dolor y rigidez en éstas. Se ha relacionado a esta enfermedad con el envejecimiento, dado a que va de la mano con la artrosis, que se desarrolla con la edad. Cuenta con síntomas tolerables, rara vez severos.

La osteoartritis se suele tratar a través de analgésicos, antinflamatorios, fisioterapia y en algunos casos con inyecciones intra articulares de antinflamatorios. Sólo en los casos severos se puede llegar a la cirugía.

En tanto, la artritis reumatoide afecta principalmente a las articulaciones, y en casos graves puede comprometer otros órganos, como el corazón, los pulmones, la vista y el sistema nervioso. Se trata de una enfermedad inflamatoria, de causa casi desconocida, crónica, destructiva y muchas veces causante de deformaciones. Por este último factor, este tipo de artritis es también llamada atrófica.

No obstante el origen exacto y las causas que detonan la artritis reumatoide son casi un enigma, se sabe que es una enfermedad autoinmunitaria, en que el propio sistema inmune de una persona ataca a las articulaciones, al no reconocerlas como suyas, causando la inflamación. Asimismo, estudios han determinado que existen ciertas características en la superficie de las células que se transmitirían por herencia familiar, determinando un factor genético de la enfermedad, tal como busca establecer el estudio Biomed. Sin embargo, los médicos no se refieren a la artritis reumatoide como una enfermedad hereditaria, aunque reconocen que sí existe una especial predisposición genética en algunas personas.

Contradiciendo el mito popular, la artritis reumatoide no se desencadena por factores climáticos o de humedad, aunque es cierto que algunos cambios climáticos, especialmente de baja temperatura, hacen que se sienta dolor en la o las articulaciones dañadas.

Respecto a los síntomas, los más comunes son el dolor en las articulaciones, el que es consecuencia de la inflamación de éstas. A causa de esto, se produce también dificultad para iniciar los movimientos en las mañanas, lo que se conoce como rigidez matutina.

Aunque la artritis reumatoide no tiene en el momento actual un tratamiento curativo, esto no significa que no exista tratamiento alguno. Es más, existen tratamientos que permiten controlar la enfermedad en un porcentaje apreciable de personas. La mayoría de pacientes con artritis reumatoide pueden mantener un nivel de relación social aceptable. Es importante señalar que la colaboración entre el enfermo y el médico es fundamental para el control de la artritis reumatoide.

Hay que evitar en lo posible una vida agitada, con gran actividad física con estrés psíquico. Conviene dormir una media de 8-10 horas nocturnas, y viene bien una siesta de 30 minutos. Es bueno comenzar el día con un buen baño de agua caliente, que contribuirá a disminuir la rigidez o el agarrotamiento articular matutino.

Durante la jornada laboral hay que mantener una posición recta en el asiento y evitar permanecer con el cuello o la espalda doblados durante periodos prolongados. En el trabajo doméstico hay que evitar hacer fuerza con las manos. En algunas ortopedias hay utensilios que pueden ser de gran ayuda para las tareas domésticas.

No es saludable practicar deportes con contacto físico y en los que sean frecuentes los choques. Sin embargo, en los periodos de poca inflamación es muy recomendable practicar algún ejercicio físico de forma habitual y sin cansarse.

Durante el reposo hay que mantener una postura adecuada. Es preciso evitar mantener las articulaciones dobladas. No deben ponerse almohadas debajo de las rodillas. Hay que procurar mantener los brazos y las piernas estirados. El uso de un zapato adecuado es fundamental y también se puede consultar con el reumatólogo la conveniencia de utilizar alguna plantilla determinada.

Excepto en casos excepcionales, no hay ninguna dieta que modifique para nada el curso de la artritis reumatoide. Es evidente que la obesidad supone una carga adicional para las articulaciones de las caderas, de las rodillas y de los pies. Por este motivo es recomendable evitar el sobrepeso o adelgazar según los casos. La dieta típica mediterránea, rica en legumbres, ensaladas, aceite de oliva y pescado puede ser beneficiosa.

Una articulación inflamada debe ser mantenida en reposo. La sobreutilización de una articulación inflamada favorece que se produzcan daños irreversibles en los huesos que forman la articulación en cuestión. Ya habrá tiempo, una vez haya pasado la inflamación, de hacer ejercicios que preserven el movimiento. Sin embargo, incluso en fases de inflamación articular, es muy conveniente mantener una buena musculatura alrededor de la articulación inflamada, pero sin mover la articulación. Es útil aprender a contraer los músculos que hay alrededor de una determinada zona inflamada. Son los denominados «isométricos».

En esencia consisten en poner en tensión los músculos que hay alrededor de las articulaciones, pero sin que éstas se muevan. Mantener contracciones musculares de 20 segundos de duración 10 veces al día proporciona un adecuado tono muscular. La utilización de aparatos que mantienen la posición adecuada de los dedos de las manos (férulas), para uso nocturno, aún siendo algo incómoda inicialmente, previene deformidades futuras.

Conoce más sobre la artritis reumatoide y la fibromialgia

La artritis reumatoide es una enfermedad de tipo crónico y degenerativo que tiene como característica principal la inflamación de la membrana sinovial, la cual cubre los cartílagos, tanto de las articulaciones como de los tejidos que las rodean. En algunos casos se produce fuera de las articulaciones afectando a órganos (corazón, riñones, pulmones…).

Esta inflamación es la causante de los dolores e hinchazón que da lugar a esa rigidez que manifiestan los afectados por las mañanas, así como una pérdida general de movilidad articular. Las más afectadas son los brazos, codos, rodillas, tobillos, caderas o manos. Es particularmente importante tratar la enfermedad ya que de no hacerlo se produce una deformación de las articulaciones que puede terminar dañando incluso a los huesos.

La enfermedad según estudios clínicos afecta a cinco de cada 1000 personas en el mundo, aunque podría ser un porcentaje mayor ya que muchos lo sufren sin estar diagnosticados. Afecta más a las mujeres que a los hombres, ocurriendo más en los núcleos urbanos que en los rurales.

Vivir con artritis reumatoide

Lo primero que debe hacer una persona diagnosticada con artritis reumatoide para sobrellevar su enfermedad, es huir de una vida estresante o agitada, se recomienda dormir unas 10 horas diarias. Los pacientes deben evitar ejercicios o grandes actividades físicas. En el transcurso la jornada laboral, se aconseja que tengan una posición recta en el asiento, evitando estar con la espalda y el cuello flexionados durante mucho tiempo.

Cuando descansen tienen que tener una postura conveniente, evitando doblar las articulaciones, por lo que es bueno que las piernas y brazos se encuentren estirados. En cuanto al calzado, los especialistas aconsejan al paciente que sea de piel, elástico y firme. Debe existir una buena sujeción en el talón, con un empeine alto para que no aparezcan las temidas rozaduras, la puntera deberá ser ancha.

Cosas que debes saber sobre la artritis reumatoide

Cosas que debes saber sobre la artritis reumatoide

En cuanto a la dieta es vital llevar una vida sana, con una alimentación equilibrada, huyendo de azúcar y grasas para así no ganar peso. La obesidad provoca una sobrecarga en las articulaciones, especialmente en las rodillas que lógicamente tienen que soportar un peso mayor si uno gana kilos.

La fibromialgia

La fibromialgia es una enfermedad que tiene unos síntomas bastante similares a la artritis reumatoide, es tanto el parecido que incluso dificulta el diagnóstico clínico. Algo que ha sido constatado es la relación existente entre las dos dolencias. Las personas con artritis reumatoide son más propensas a desarrollar fibromialgia, sin embargo, los pacientes de esta última tienen las mismas probabilidades que cualquier persona de sufrir artritis reumatoide.

El dolor de la fibromialgia lo han descrito de varias formas como ardor y rigidez, siendo un dolor permanente bastante fuerte. El grado de dolor varía según las horas del día, clima (le afectan los cambios de tiempo), la tensión o hasta las horas de sueño del paciente. Muchos cuentan al médico que el dolor no se va nunca, va y viene.

La fibromialgia y el deporte

La fibromialgia y el deporte

Esperamos que la información de este artículo te haya sido de utilidad a la hora de saber más sobre la artritis reumatoide, de esta forma puedes saber los síntomas y la manera óptima de paliarlos en tu vida diaria, evitando situaciones que desencadenen un agravamiento de la enfermedad.

Recomendamos, no obstante, que visites a tu médico para que te diagnostique más exactamente de la enfermedad y te haga un seguimiento de la misma, así como de unas pautas a seguir en tu vida diaria que serán similares a las que has podido leer en este artículo.

Tanto si padeces artritis reumatoide como fibromialgia o ambas dolencias, debes hacer lo posible por seguir las recomendaciones que te hemos dado y como no, las que tu médico te haga. No demores la visita y recuerda que cuanto más tarde afrontes la enfermedad más complicado será sobrellevarla.

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