La importancia del contacto con la naturaleza para la salud

Hay quien defiende que, sin la convivencia con las plantas, los animales y el aire puro, los niños de hoy serán adultos obesos, nerviosos y enfermos el día de mañana. Es necesario el contacto con la naturaleza para prevenir enfermedades en el futuro.

Estrechar las relaciones con el medio ambiente puede prevenir enfermedades físicas y emocionales.

No cualquier niño, a los 5 años de edad, se puede dar el lujo de tener un bosque que puede llamar suyo. Considerando la generosa zona verde que rodea su casa en Raytown, una ciudad de 30 mil habitantes en el corazón de Missouri, podemos decir que el estadounidense Richard Louv es un sujeto de suerte.

Fue allí que el pequeño Rich, hoy con 67 años de edad, pasaba las vacaciones de verano: jugando con el perro, nadando en el río, subiendo a los árboles. No es de extrañar que, al crecer, se haya convertido en un enamorado de la naturaleza. Escritor, investigador y activista, Louv no se cansa de alabar los efectos terapéuticos de una sana convivencia con la naturaleza.

En su penúltimo libro, El último niño en la naturaleza, acuñó el término Trastorno de Déficit de Naturaleza (TDN) para describir el daño causado a los pequeños que crecen encerrados en edificios y en una redoma de tecnología. TDN no es (todavía) un diagnóstico médico, pero Louv predica que, si no se identifica a tiempo, los niños que lo sufren podrán desarrollar miopía, obesidad, déficit de atención, entre otros daños a su salud.

En su más reciente trabajo, Vitamin N: The Essential Guide to Nature-Rich Life (“Vitamina N: Una Guía Esencial para una vida rica en Naturaleza”, inédito en español), el estudioso concibe la idea de la vitamina N, un “remedio” sin contraindicaciones y que ya empieza a ser prescrito por los profesionales de la salud en algunos países. “No necesitamos comprar una casa en el campo para disfrutar de la naturaleza. Todo y cualquier espacio verde ya aporta beneficios a la salud. Una simple experiencia al aire libre siempre es mejor que ninguna”, declara.

La ciencia está del lado de Louv, como vienen a demostrar estudios de peso publicados hace poco. Un estudio de la Escuela de Salud Pública de Harvard, en Estados Unidos, revela que vivir cerca de los bosques, los parques y jardines está asociado a una mayor longevidad y un menor riesgo de enfrentar enfermedades renales y respiratorias; además de que reduce la probabilidad de sufrir la depresión.

Para llegar a tal conclusión, Peter James y su equipo de investigadores han analizado el expediente médico de 108 630 estadounidenses entre los años 2000 y 2008. Posteriormente, compararon el índice de mortalidad entre ellos con el nivel de vegetación alrededor de sus casas, en un radio de 250 m2. Descubrieron que las mujeres que vivían cerca de áreas verdes mostraban una tasa de mortalidad de 12% menor.

Niños en contacto con la naturaleza

Niños en contacto con la naturaleza

Al investigar la causa de la muerte, constataron que los habitantes de los lugares más cercanos de la naturaleza tenían un 41% menos probabilidades de morir por problemas en los riñones, el 34% menos por males respiratorios y el 13% menos por algunos tipos de cáncer. Conviene mencionar que la exposición a las plantas no afectó, para bien o para mal, o el número de muertes por enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares.

James arriesga una hipótesis: “La naturaleza estimula la práctica de actividad física, reduce la exposición a contaminantes, aumenta el compromiso social y la mejora de la salud mental”.

¿Ya estás pensando en comprar una cabaña en el bosque? Calma y lee esto: la convivencia con la naturaleza trae beneficios incluso cuando no es de verdad. En un experimento de la Universidad de Birmingham, en Inglaterra, los expertos invitaron a los pacientes ingresados a un paseo virtual. Ellos sólo tenían que colocarse un par de gafas 3D y disfrutar, en el entorno digital, un viaje en bicicleta por la costa de la isla británica. Con la tecnología, oían el mar, el viento y los pájaros, todo esto sin salir de la cama del hospital.

“Mientras unos informaron de una increíble sensación de bienestar, otros dijeron que pudieron a dormir más y mejor”, cuenta el ingeniero electrónico de Robert Stone, líder del estudio. “Es evidente que la naturaleza virtual no sustituye a la real, pero exponer a los pacientes con dificultad de movilidad o portadores de trastorno de estrés postraumático a escenas con este tipo de contenido, en lugar de imágenes estáticas o vídeos, puede acelerar su recuperación”, cree Stone.

Este potencial terapéutico de la naturaleza recién comienza a ser explorado por los médicos. En vez de pastillas para adelgazar, puede que el senderismo y la caminata por parques sea una excelente opción terapéutica. En lugar de medicamentos para el TDAH, el trastorno de déficit de atención e hiperactividad, una visita al mar. En los Estados Unidos, el pediatra Robert Zarr, de Washington, hace un trabajo en esta línea.

Al final de la consulta, tomada de una aplicación para móviles llamado DC Park Rx, introduce el código postal del paciente y, en función del diagnóstico clínico, indica el parque o zona verde que se encuentras más cerca de su casa. Sólo en la capital de los Estados Unidos, son más de 350 lugares registrados. Zarr postula que no podemos pensar en la salud del hombre sin pensar en la salud del planeta.

“No basta con crear una sociedad más sana y feliz, es preciso ayudar en la preservación del medio ambiente. Por eso prescribo vitamina N para mis pacientes. La gente sólo se preocupa de lo que ama y quiero que ellos sean los ambientalistas del futuro”, explica.

De los niños tratados por el pediatra, quien más se beneficia de esta vitamina son los que sufren de alergia y asma. Aunque la vida en el campo era vista desde hace décadas como una especie de vacuna contra ciertas enfermedades, ahora surgen evidencias más sólidas a favor de esta idea. Un estudio publicado en la respetada revista científica The New England Journal of Medicine indica que quien crece en una granja, rodeado de vacas, gallinas y caballos, es, de hecho, más resistente enfermedades respiratorias.

Científicos de la Universidad de Chicago monitorizaron a 60 niños estadounidenses, de 7 a 14 años: 30 de la comunidad Amish de Indiana y 30 de la comunidad Huterita de Dakota del Norte. Los dos grupos tienen mucho en común: pertenecen a corrientes religiosas particulare, vinieron de Europa Central y presentan un estilo de vida sencillo y ligado a la naturaleza.

Sus tasas de asma, sin embargo, son muy diferentes. Mientras que el 4% de los pequeños amish tienen el problema marcado por una crisis de falta de aire, los huteritas convivían con un índice casi cinco veces mayor. ¿Cuál sería el motivo? Los amish usan caballos para el trabajo en el campo, mientras que los huteritas recurren a las máquinas agrícolas industrializadas.

Se cree que el polvo que emana de los graneros de las granjas amish, lleno de fragmentos de bacterias, estimula el sistema inmunológico de los niños a desarrollarse desde temprana edad, lo que evita el asma y otros problemas de salud.

Para comprobar esta tesis, los científicos sometieron a los niños a exámenes de sangre. Los resultados mostraron que los amish tenían más células del tipo neutrófilo, responsables de blindar el organismo contra las infecciones, y menos eosinófilos, que corresponden a típicas manifestaciones de la alergia y el asma.

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