La fiebre infantil no es una enfermedad

Los padres van exagerando en dosis de antitérmicos, alertan a los pediatras y se preocupan en demasía. Sin embargo, debemos de saber que la fiebre infantil es más común de lo que se cree, sobre todo durante los primeros años de vida.

Imagínate llamar a la policía cada vez que la alarma del coche se dispara antes, incluso, de comprobar si alguien ha intentado robarlo o si fue sólo una piedra que cayó en la carrocería y disparó a la señal. ¿Sería un caos, no? (además de un estrés continuo). Y esto es exactamente lo que los adultos hacen cuando los pequeños tienen fiebre – y ni se dan cuenta. Sólo el termómetro indica más de 37 °C, da inicio una carrera para encontrar un remedio antes de constatar el estado de salud del niño. La cuestión es: el uso de un medicamento (sin prescripción médica), en estas situaciones, puede tener consecuencias negativas.

Tanto es así que la más importante revista científica de pediatría del mundo, la estadounidense Pediatrics, lanzó una alerta reciente sobre el uso indiscriminado de antitérmicos. En el artículo, firmado por los expertos de la Academia Americana de Pediatría, los médicos recomiendan que no se recurra a este tipo de remedios con el objetivo exclusivo de reducir la temperatura corporal de los niños y las niñas. “Sólo que, por desgracia, muchos padres tienen un miedo exagerado e irracional a la fiebre”, se lamenta el pediatra Jayme Murahovschi, de la Academia Brasileña de Pediatría. Y es precisamente ahí donde está el peligro.

Esto, porque la automedicación es siempre arriesgada (no sólo en niños, sino a cualquier edad). “Los antitérmicos no actúan sobre la enfermedad que provocó la subida de la temperatura, sólo disminuyen la fiebre”, recuerda la pediatra Cristina Rodríguez de la Cruz, profesora de la Universidad Federal de Paraná. “La preocupación, cuando hay fiebre, debe ser el diagnóstico de que la causó, hecho por un pediatra.” Además, el calor corporal, siempre que no pase de un límite tolerable – hasta suele dar una mano extra en la lucha por exterminar el que el problema.

“La fiebre de hasta 38,6 °C optimiza el sistema inmunológico”, afirma el pediatra Joel Garcia Martin, profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad Estadual Paulista (Unesp). “Es decir, estar un poco más caliente de lo normal ayuda a los niños a defenderse, porque la producción de anticuerpos protectores aumenta, recluta a algunas células de defensa de manera más rápida e inhibe la multiplicación de diversos micro-organismos”, explica.

Si la fiebre infantil, en principio, no hace mal, ¿cuándo es que los antitérmicos son necesarios? “En general, cuando aumenta la comodidad del niño en el alivio de síntomas como temblores, malestar y aceleración de los latidos del corazón” menciona Milton Lapchik, coordinador del Servicio de Control de Infección Hospitalaria del Hospital de Niños Sabará, en São Paulo. Esto significa que si tu hijo está caliente, pero sigue corriendo por la casa, no es necesario medicarlo. Las excepciones son los chicos con problemas cardíacos o pulmonares, además de aquellos que tienen susceptibilidad a las convulsiones producidas por la fiebre.

En todos los casos, sin embargo, quien debe decidir si es el momento de apelar a determinados medicamentos es el médico pediatra– y no los propios padres. “En los menores de 3 años, cuyo sistema inmune es un poco más inmaduro, la preocupación debe ser mucho mayor”, señala Joel. “Así, los bebés con temperatura alta, independientemente de su estado general, los niños con fiebre baja, pero con otros síntomas, y las que quedan febriles por días seguidos necesitan de atención médica”. En los recién nacidos, cualquier fiebre debe ser comunicada de inmediato al pediatra.

Pero ningún padre o madre debería desesperar en estas horas. Tal vez ese sea el mensaje más importante del artículo estadounidense. En más de 60% de los casos, la elevación de la temperatura es sólo una de las respuestas del organismo a la presencia de algún microorganismo extraño – y pronto es variación en la temperatura corporal pasará. Funciona así: cuando un virus o una bacteria entra en el cuerpo y es reconocido como atacante, lleva a la producción de sustancias conocidas como mediadores inflamatorios. “Los mediadores inflamatorios provocan vasodilatación local, calentando determinadas regiones del cuerpo”, explica el médico y fisiólogo Silvia Nishida, del Departamento de Fisiología del Instituto de Biociencias de la Unesp. “Y actúan en el termostato del cerebro, el hipotálamo, lo que eleva el punto de ajuste de la temperatura del cuerpo.”

Entonces, si antes el termómetro del organismo se esforzaba por no pasar de 36,5 °C, ahora piensa que lo mejor es dejar todo bien caliente. “A partir de ahí se produce una serie de estímulos, responsables de producir y conservar el calor, como la erección de los folículos capilares y la constricción de los vasos periféricos”, dice Joel. La pediatra y neonatologista Fernanda Zicolloto, del Hospital y Maternidad Santa Juana, precisa: “La fiebre infantil es siempre un buen síntoma”. Simplemente no hay que dejarse asustar por este síntoma, y si persiste o aumenta; entonces sí deberemos acudir con el médico del pequeño.

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