Navega en las redes sociales sin poner en riesgo tu salud

Imagina la escena: estás buceando en las Bahamas y, de repente, te encuentras cara a cara con un tiburón. ¿Qué harías? ¿Huyes de allí lo más pronto posible, o te quedarías sabiendo el riesgo con tal de tomar una foto para publicar en tu Facebook? Parece una broma, pero la historia sucedió con el periodista Daniel Sieberg. En vez de temer por su propia vida, el canadiense, de 45 años, lamentó no haber llevado su smartphone para registrar el encuentro. De vuelta a tierra firme, Sieberg comenzó a sospechar que algo estaba mal.

Fue cuando se impuso a sí mismo una rigurosa “dieta digital”, que culminó con ocho meses desconectado de las redes sociales. La experiencia estimuló el periodista a escribir The Digital Diet (“La Dieta Digital”) y a elaborar un Índice de Masa Virtual para evaluar si el uso que las personas hacen de internet es saludable o no. “Es claro que, en nuestros tiempos, no se puede vivir sin la tecnología. Aún así, para no afectar mi bienestar, tomo algunos cuidados: no llevo el móvil a la habitación, no atiendo llamadas en la hora de las comidas y, siempre que puedo, privilegio lo real en vez de lo virtual”, declara.

Sieberg está cubierto de razón cuando dice que es difícil escapar de este mundo movido por teléfonos, tablets, ordenadores y otros dispositivos. Según la consultora Strategy Analytics, el número de individuos conectados a redes sociales en diciembre de 2015 representó la cifra de 2,2 millones de dólares, alrededor de 31% de la población mundial. La campeona de los usuarios es Facebook (1,4 millones), seguido de WhatsApp (1 millones) y Messenger (900 millones). Simplemente en América Latina, ocho de cada diez internautas tienen un perfil en la red creado por Mark Zuckerberg.

¿Y qué tiene que ver con la salud?

Permanecer demasiado tiempo en ese mar digital puede ser perjudicial para la salud, como advierten nuevos estudios. El uso obsesivo de las redes sociales comienza a ser asociado a males físicos, como el aumento de peso y problemas de columna; así como a trastornos mentales, como es el caso de la ansiedad y la depresión.

Una investigación de la Universidad de Ulster, en Irlanda del Norte, indica que la sobredosis de Twitter, Instagram y Snapchat, entre otras, promueven una vida sedentaria. De los 353 estudiantes que respondieron a un cuestionario en línea sobre el tiempo empleado en las redes y en los ejercicios físicos, el 65% admitieron que no practican tanto deporte como les gustaría. “Si se pasa buena parte del día en las redes sociales, podemos tener la certeza de que otras actividades serán olvidadas. En el futuro, el precio a pagar es alto: obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares”, advierte la psicóloga y coordinadora del trabajo de Wendy Cousins.

Los perjuicios de llevar una rutina exageradamente en línea son, incluso, más inmediatos en la salud mental. Cuanto más tiempo estamos conectados, mayor es el riesgo de desarrollar síntomas de depresión, constata un experimento de la Universidad de Pittsburgh, en Estados Unidos. Para llegar a tal conclusión, el equipo del doctor Brian Primack supervisó la vida digital de 1 800 internautas, entre hombres y mujeres de 19 a 32 años.

En promedio, los voluntarios gastaban 61 minutos por día y accedían a las redes 30 veces por semana. Entre el grupo que presentó mayor cantidad de accesos semanales, la probabilidad de sentirse deprimido era tres veces mayor. “Las personas que pasan mucho tiempo en las redes sociales tienden a ser más ansiosas y depresivas. Por ahora no podemos establecer una relación de causa y efecto, pero es preciso reflexionar: ¿es el usuario quien utiliza las redes sociales o son las redes sociales quienes usan a los internautas?”, provoca Primack.

Cuando la moderación sale de escena y las plataformas digitales son mal usadas, la vida escolar (y, más tarde, la profesional) paga un alto precio. Jóvenes de 12 a 15 años sufren con el cansancio en el aula, de acuerdo con un estudio británico con 900 estudiantes. La investigación descubrió que uno de cada cinco se despierta durante la noche, con el fin de ver y responder mensajes. Al día siguiente, no podían concentrarse ni prestar atención a la pizarra y los libros. “Todavía no sabemos si los adolescentes tienen acceso a las redes sociales porque están sin sueño o si pierden el sueño a causa de ellas. Frente a la duda, se recomendó a los padres que, a la hora de dormir, tomaran las tabletas y smartphones de la habitación de sus hijos”, dice la educadora Sally Power, de la Universidad de Cardiff, en Gales.

La psicóloga Ana Luiza Mano, profesora de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo, explica que no existe una edad ideal para que los padres compren celular para los hijos o liberen el acceso a algunas redes, aunque sabemos que los niños tienden a seguir el modelo que tienen en casa. “Los padres deben orientarlos sobre la mejor manera y la frecuencia correcta del uso de las redes sociales”, propone.

Redes sociales y salud

Redes sociales y salud

Vicio por el internet

La cosa cambia cuando el acceso a las redes sociales se convierte en obligación. La psicóloga Kimberly Young, del Centro Médico de Bradford, en los Estados Unidos, da algunas pistas sobre la adicción: sentirse cada vez más con la voluntad de utilizar los medios de comunicación, conectarse con el fin de deshacerse de los problemas, estar triste o molesto cuando no se puede acceder y utilizar tanto que hay repercusiones negativas en sus relaciones.

“El primer paso para solucionar la compulsión es admitir su existencia. El segundo es reducir drásticamente el tiempo en línea. En vez de actualizar las redes a cada minuto, propongo sólo dos veces por día”, dice Kimberly. Si el usuario sospecha que ha perdido el control, tiene que pedir ayuda. “Frente la duda, lo ideal es buscar un psicólogo, que va a evaluar el caso y, si lo cree necesario, también podrá hacer la derivación a un psiquiatra”, dice la psicóloga Dora Góes, del Instituto de Psiquiatría del Hospital das Clínicas de Sao Paulo.

Sin embargo, antes de salir por ahí pensando en desactivar tus perfiles en cada una de las redes sociales, debes de saber que no todo internauta se encuentra en la zona de riesgo de la dependencia digital. Para la mayoría, la solución es asumir una postura más moderada y activa en las redes. Quien firma esto es el psicólogo estadounidense Ethan Kross, de la Universidad de Michigan. Durante dos semanas, él y su equipo analizaron el comportamiento de 84 universitarios. Los voluntarios fueron orientados a usar Facebook por diez minutos y, por medio de mensajes de texto por celular, responder lo que estaban sintiendo en ese momento. “Cuanto más pasivos eran los usuarios, más tristes y celosos se comportaban”, constata Kross. “Al rastrear la vida digital de los demás, estas personas tienden a sentir que la de ellas es la más desagradable de todas”, analiza el especialista.

La investigadora Hanna Krasnova, de la Universidad de Potsdam, en Alemania, está de acuerdo. Para evitar la depresión de Faceboook, recomienda a los usuarios compartir información relevante, interactuar con los amigos virtuales y, en ningún caso, comparar su vida con la de los demás. “Las redes sociales, por sí solas, no hacen bien o mal. Todo depende del uso que hacemos de ellas”, señaló. Evitar exageraciones y tener una postura activa, sin caer en la hiperexposición, parece una de las mejores formas de disfrutar de este entorno.

El lado bueno de la red

En 2014, una campaña se viralizó en las redes sociales: el desafío del cubo de hielo. Famosos y anónimos fueron instados a compartir los videos del momento en que arrojaban cubos de agua helada sobre sí mismos. El objetivo de la broma era recaudar fondos para la ALS Association, entidad que representa portadores de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), enfermedad neurodegenerativa, progresiva e incurable.

En dos meses, la asociación recaudó el equivalente a 377 millones de dólares. Con dicho importe, financió un importante descubrimiento: la identificación de un nuevo gen, el NEK1, ligado a la enfermedad del astrofísico británico Stephen Hawking. “Como en otras tecnologías, el potencial de las redes sociales es ilimitado. En el futuro, quiero descubrir nuevas posibilidades de cómo se puede mejorar la calidad de vida de los usuarios”, informa Brian Primack.

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