Tartamudez, cuando el niño habla raro

El tartamudo no sabe ordenar lingüísticamente los elementos seleccionados por su pensamiento al hablar, y repite o prolonga ciertas sílabas de las palabras. Al acomplejarse por su condición, taratamudea más. Por esto, parte del tratamiento es aceptarse, y no estar pendiente de lo que los demás van a pensar de «ese, el niño que habla raro«.

Un mensaje que escribe un disfémico -o tartamudo- para que lo lean otros que sufran de su misma condición dice que hay que «aprender a mirar a la cara de las personas mientras tartamudeo. Aprender a tartamudear y pensar en lo que vas a seguir diciendo en ese momento, en vez de pensar en el ridículo que crees que haces. Aprender a valorar más la dinámica global de la comunicación que sus pequeños componentes «y; sobre todo, «aprender a ser uno mismo… y llevar la cabeza bien alta«.

Pero no todos los tartamudos opinan igual. Para muchos, no obstante, la repetición o prolongación frecuente e inevitable de los sonidos o de las sílabas al hablar es un motivo de complejo, que los hace con razón desear evitar situaciones en las que hay que hablar. Es que la tartamudez perturba notablemente la fluidez del lenguaje al provocar síntomas clónicos o tónicos. Los primeros se refieren a la repetición involuntaria y convulsiva de una sílaba, generalmente la primera sílaba de la primera palabra de la frase, siendo variable el número de repeticiones. El segundo tipo de síntomas tienen que ver con la imposibilidad de emitir ciertas palabras durante un tiempo más o menos prolongado; es como un estado de inmovilidad muscular que impide la locución.

En todo caso, sólo el 1% de la población mantiene la tartamudez que le afectó en la niñez, que es cuando normalmente aparece, junto con la instauración del lenguaje. La disfemia – que se presenta con un rango de 4 a 1 entre hombres y mujeres; es decir que por cada 4 hombres hay 1 mujer que tartamudea— suele aparecer alrededor de dos edades críticas; entre los 2 y 3 años, y hacia los 6 años de edad, en la fase de escolaridad, en que se exige una primera adaptación social de cierta envergadura, indica en Actualidad Psiquiátrica el Dr. Juan Romeu.

El mismo especialista informa que «la mayor parte de los casos son transitorios (hasta un 80 % de recuperaciones). Alrededor de un 5% de niños han presentado o presentan algún tipo de tartamudeo. Es normal que el tartamudeo sea más evidente cuando el niño se halla sometido a una situación en que se siente evaluado, o con la necesidad de hablar bien. El niño suele intentar mecanismos de compensación para evitar su aparición, por ejemplo: iniciar sus frases con una palabra «inocua», acompañar su verbalización con movimientos, etc«.

También los adultos que arrastraron esta condición suelen usar muchas muletillas del lenguaje, como «en definitiva«, «entonces» y otros. En estos casos, parte del tratamiento será eliminar esas muletillas y hacerle cambiar la común creencia que dice que cuando las personas son extremadamente inteligentes, tienden a tartamudear, como si sus pensamientos fueran más rápido que lo que dicen. Lo que en realidad sucede es que tal persona no sabe ordenar lingüísticamente los elementos seleccionados por su pensamiento, ni escoger las palabras adecuadas para expresarlos. Por eso recurre a muletillas como «de alguna manera«, en realidad» y otras, que le den el tiempo para pensar.

Tartamudez o disfemia

Tartamudez o disfemia

¿QUÉ NO HACER ANTE LA TARTAMUDEZ?

De los 3 a 5 años, aproximadamente, los niños atraviesan por un periodo normal de tartamudez. Generalmente repiten una sílaba o se demoran para iniciar la pronunciación de una palabra. Esto se debe a que ya manejan una buena cantidad de palabras y la forma de combinarlas, pero no están muy seguros de si lo están haciendo bien. Para ello necesitan la guía de los padres. Estos a veces se asustan, y cuando el niño repite algo, lo corrigen, le expresan que así no se dice, lo regañan fuertemente o se burlan. El niño, en lugar de obtener un apoyo, encuentra un rechazo. Esto lo puede marcar y originar una real tartamudez. Así al menos lo indica Néstor Antonio Pardo Rodríguez, terapeuta del lenguaje y fonoaudiólogo colombiano.

El mismo especialista, quien actualmente colabora con el Centro de Rehabilitación Física y en el Centro de Educación Auditiva Diana de Colombia, aconseja a los padres cuyos hijos presentan disfemia que empleen una velocidad del habla lenta y relajada, pero no tan lenta que parezca un robot. También hay que poner atención a «qué» dice el niño, y no tanto al «cómo» lo dice. Además, es recomendable evitar terminar uno las frases u oraciones del niño. Tampoco hay que apurarlo para que termine sus ideas u oraciones, ni interrumpirlo mientras habla. No va a ser productivo corregir, criticar o tratar de cambiar su manera de hablar, y menos todavía el obligarlo a recitar o leer en voz alta delante de amigos, familiares o extraños.

Pero, ¿qué causa que un niño tartamudee? A ciencia cierta, nadie lo sabe. Algunos creen que hay una tendencia genética. Otros creen que tienen pequeñas disfunciones del cerebro interrumpen la precisa coordinación de los 100 o más músculos empleados para producir el habla. Pero todos están de acuerdo en que no existe razón para creer que la disfemia es el resultado exclusivo de algún trauma emocional o práctica anormal de métodos de crianza.

Sea como fuera, hay factores ambientales que harán que una tartamudez incipiente se exprese en mayor medida. Estos factores son dos: padres muy ansiosos, exigentes, agresivos o drásticos con su hijo, quienes esperan que él (ella) hable, piense y actúe como adulto y no como el niño que es. O un clima hogareño tenso, competitivo y de mínimas oportunidades de diálogo entre sus integrantes.

¿QUÉ HACER ANTE LA TARTAMUDEZ?

No es fácil determinar si se trata de un tartamudeo fisiológico o patológico, pero si cree que lo de su hijo es más que una tartamudez pasajera, lo óptimo será consultar con el fonoaudiólogo, terapeuta del lenguaje o logopeda, ya que existen varias técnicas muy eficaces para controlar la manera de hablar y reeducar al tartamudo.

Por ejemplo, está el entrenamiento con metrónomo. El metrónomo es un aparato que emite un golpeteo regular. Entonces se le indica al paciente que haga coincidir sus sílabas, palabras o frases con el golpeteo del metrónomo. Así se le demuestra al sujeto que puede hablar sin tartamudear (lo cual acontece en el mismo momento en que empieza a emplear el metrónomo).

También existen los enmascadores de voz que son aparatos que impiden al sujeto oír su propia voz, lo que reduce la tartamudez.

Una extraña técnica es la conocida como «técnicas de intención paradójica«. Obligan al sujeto a reducir la ansiedad de anticipación, instruyéndole a «tartamudear ex profeso», antes de iniciar cualquier conversación. En aquellos casos en que la ansiedad de anticipación es muy relevante, vale la pena considerar el empleo de algún ansiolítico.

Un riesgo inherente a cualquier tratamiento de la disfemia es que el niño elimine las repeticiones mientras está con el terapeuta, pero que reincida una vez colocado en su medio normal, pero en general estas técnicas dan excelentes resultados. Claro está, entonces, que el tratamiento deberá ir de la mano con la voluntad del paciente por superar su condición y del apoyo que reciba de quienes lo rodean.

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